El derecho egipcio y tolemaico

Posted: miércoles 26 de mayo de 2010 by JGTG in Etiquetas:
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Nuestro conocimiento del derecho egipcio es algo limitado, en parte debido a la antigüedad de la civilización egipcia La unificación faraónica, acaecida alrededor del año 3000 a.C., coincide con la aparición de la escritura, mientras que la construcción de las pirámides se inició en el año 2600 a.C.

Egipto, desde su origen, se configura como un Estado bastante bien organizado. A la cabeza de todos los acontecimientos públicos y privados se sitúa el faraón, que, al igual que en otras grandes monarquías orientales, es un soberano absoluto, dotado de carácter divino.
Además de ser dios, el faraón es el propietario de las tierras y es el máximo órgano de una compleja administración, cuya cabeza visible es el visir, dotado de diversos poderes: legislativos, judiciales y administrativos. En el año 2300 a.C., los gobernadores locales, a menudo enfrentados a los faraones, obtuvieron también el título de visir, consiguiendo equiparar su situación a la de aquel "primer ministro", que inicialmente debía ser de sangre real.

En la vida egipcia tienen un papel central los escribas, de los que existen numerosas representaciones en pintura y escultura. Éstos contaban con el respaldo de unas escuelas de escritura, indispensables debido a la complejidad de los jeroglíficos. A menudo, el escriba ejercía simultáneamente diversas y amplias funciones al servicio de su señor. El acceso a las escuelas de escritura no dependía exclusivamente del origen social del candidato, por lo que era posible realizar una brillante carrera en la administración incluso partiendo de una clase inferior. Este hecho demuestra que, a pesar de tratarse de una sociedad jerarquizada, existía cierta movilidad social. Los mismo esclavos podían ser protegidos contra su patrón y tenían derecho a formar una familia y a poseer un pequeño patrimonio personal. La mujer ostentaba una posición jurídica relativamente favorable, en una sociedad en la que imperaba la monogamia. Esta situación, incluso desde el punto de vista del derecho, cambia radicalmente con el advenimiento de la dinastía tolemaica, formada a finales del siglo IV a.C. por un general de Alejandro Magno, Tolomeo I Soter (es decir, "salvador", sobrenombre que le fue atribuido por haber salvado Egipto de la amenaza de Antígono, rey macedonio). Tolomeo, al igual que sus sucesores, fue un gran promotor de las ciencias y de las artes, dotando a Alejandría de dos famosas instituciones que la convertirían en el centro de la cultura mundial: la Biblioteca, que recogía alrededor de 700000 volúmenes (y que posiblemente fue incendiada en el siglo VIII d.C. por los árabes que conquistaron la ciudad), y el Museo, especie de universidad en donde literatos y licenciados, mantenidos por el rey, impartían enseñanzas y estudios profesionales y científicos, reunidos en torno al templo de las Musas.

La administración era ejercida por una eficiente red de funcionarios cuyas competencias se extendían a una porción concreta del territorio. De ellos dependían los responsables de las distintas comunidades. Sin embargo, esta jerarquía rígida fue incapaz de controlar todos los aspectos de la vida social, sobre todo por culpa de la inercia de los funcionarios que dejaban un amplio margen de acción a sus subordinados, a cambio de dinero.

Con el advenimiento de Tolomeo, Egipto se convirtió en un reino helenístico, regido por el llamado derecho grecoegipcio o tolemaico, del que conservamos abundante documentación en papiros. La introducción del derecho griego, la influencia del derecho persa o hebreo, la permanencia de las tradiciones jurídicas egipcias precedentes, incluso con adaptaciones, y la coexistencia de distintas jurisdicciones (incluso mixtas) egipcias y griegas permiten hablar de pluralismo jurídico, es decir, de una pluralidad de ordenamientos jurídicos.

Dos fenómenos adquieren vital importancia: el primero consiste en la amplia difusión de la forma escrita en los negocios jurídicos, paralelamente a la creación de una especie de archivo o catastro de la tierra; el segundo elemento reside en la intervención del rey en múltiples campos, desde la agricultura al comercio, con una fiscalidad muy importante y con una amplia burocracia, organizada de un modo que podríamos definir como moderno. Las riquezas obtenidas mediante esta política hicieron de Alejandría la ciudad más importante del mundo en aquellos siglos y la convirtieron en el faro de la cultura helenística.
Incluso cuando cayó bajo el dominio romano, Egipto gozó de un estatus particular, distinto del de otras provincias, y su romanización cultural fue meramente superficial.

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