Los derechos arcaicos desarrollados

Posted: lunes 24 de mayo de 2010 by Javier García de Tiedra González in Etiquetas:
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En sentido estricto, los "derechos arcaicos desarrollados" se identifican con las instituciones jurídicas características de la ribera del Mediterráneo y de Oriente Próximo. Son estos derechos bastante casuísticos, en los que las únicas relaciones que parecen alcanzar cierto nivel de abstracción son las que podríamos calificar de "derecho internacional", como los tratados entre los distintos pueblos. El estudio de los derechos antiguos, y de las sociedades que proceden, está siendo en los últimos años objeto de una profunda reflexión teórica. En este contexto, ocupa un lugar destacado la revisión de algunas teorías formuladas por Karl Marx en su análisis sobre las fases de la humanidad previas al capitalismo, encaminado a obtener una mejor comprensión del mundo actual.

La base de la interpretación histórica propuesta por Marx consiste en afirmar que los factores económicos (técnicas y relaciones de trabajo y producción) ejercen una influencia decisiva en el devenir histórico. En su obra, Formas económicas precapitalistas (1857-1858), Marx delimita cuatro posibles variantes sobre la evolución de la comunidad primitiva:
1) La forma oriental (o asiática), que presenta "la coexistencia entre la artesanía y agricultura en el seno de una pequeña comunidad", con un excedente de producción capaz de mantener a un gobierno (en general despótico) y garantizar aquellas infraestructuras absolutamente imprescindibles, como las vías de comunicación o los sistemas de riego agrícola;
2) La forma antigua, en la que el modo de producción se caracteriza por la esclavitud y cuya máxima expresión es la civilización grecorromana clásica;
3) La forma germánica, en la que cada casa "constituye un centro autónomo de producción";
4) La forma eslava, de contornos bastante imprecisos, parecidos a la oriental.

La antigua civilización del Mediterráneo se enmarca entre los dos primeros modelos, la forma asiática y la antigua. Un ejemplo del tipo de civilización representado por el modo de producción antiguo es el de la Grecia de Homero. Su ordenamiento político y social tiene carácter monárquico y patriarcal. El rey, cuya autoridad tiene origen divino, está exento del despotismo divinizado de Oriente, aunque gobierna a sus súbditos como un padre a sus hijos. Sus poderes son esencialmente religiosos, militares y judiciales. Como suprema autoridad judicial, el monarca ejerce de árbitro en los conflictos entre sus súbditos, aunque no tiene poder para hacer cumplir las sentencias, tarea que corresponde a los propios interesados, que han de proceder a su ejecución en privado.

El rey es asistido por un consejo de ancianos (gerusía), formado por los cabezas de familia nobles y adineradas, considerados éstos como los mejores (aristócratas), respecto al pueblo. En ocasiones extraordinarias, el soberano convoca una asamblea popular (ágora), en la que participan todos los hombres libres, no para ser consultados, sino para mostrar su aprobación con aplausos o su desaprobación con gestos hostiles. Como consecuencia de la evolución de esta sociedad, se llega al modelo de la polis, la ciudad-Estado.

Las organizaciones de este tipo se caracterizan también por la existencia de la esclavitud, es decir, del derecho de propiedad de un hombre sobre otro hombre. La esclavitud fue inicialmente un fenómeno aislado y poco extendido, que fue cobrando cada vez mayor importancia hasta convertirse en la base del modo de producción antiguo y en el eje central de la organización social y jurídica de la civilización grecorromana, dividida entre hombre libres y esclavos.

Se pueden incluir en la forma asiática a los grandes reinos de la Asia anterior y de Egipto, civilizaciones monumentales que nos han legado restos arqueológicos imponentes pero escasos documentos sobre su actividad jurídica. El interés que ofrecen estos testimonios jurídicos depende en gran medida de los materiales utilizados: el uso abundante, en Asia anterior, de materiales sólidos (estelas de piedra, tablillas de arcilla o piedra) ha permitido la conservación de numerosas inscripciones y de archivos inmensos, públicos o privados, que contienen la transcripción no sólo de documentos importantes, sino también de actos de menor relevancia. Por el contrario, materiales como el papiro, y posteriormente el pergamino, han sido mucho peor tratados por el paso del tiempo.

En el vértice de estos grandes imperios se sitúa un soberano absoluto y al mismo tiempo un sumo sacerdote, dotado de atributos divinos. Éste era considerado como representante de la divinidad y como único propietario de la tierra, que confería a sus súbditos para su cultivo, previo pago.

El soberano residía en un inmenso palacio-ciudad (faraón significa "casa grande"), protegido por la aristocracia guerrera. Estaba al mando de una compleja administración dotada de un servicio eficiente de registro asumido por los escribas, una clase especializada y privilegiada. igualmente, el soberano promovía la realización de grandes obras de infraestructura y dirigía la política militar. En contrapartida, recibía de la población, agrupada en pequeñas comunidades en torno al palacio, obediencia absoluta y tributos en especies y servicios.

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